viernes, 22 de junio de 2012

Proyecto personal (aun sin título) - Capitulo 18

CAPITULO 18



-    (LYON)
  
     -  ¡¿Qué rayos pasó?! – el grito de Marcus retumbó en la sala de comunicaciones, silenciando a todos y sacándome de mis pensamientos.
Aun no podía quitarme la imagen de Eva partiendo con ese demonio para salvarnos la vida. Pero, ¿que iba a ser de ella?

-         - Todo fue una trampa…  - dijo Gillian enfrentando  a Marcus – el  ataque en las afueras, el ataque en casa de Adriel… todo fue un montaje para que el Scholeio quedara desprotegido para así atacar y llevarse  a Eva.

-        -  Pero…  ¿porque Eva?... ¡Maldición! ¿porqué rayos su objetivo era ella? – dijo Marcus haciendo eco de mis propias dudas.

-        -  Por esto – un libro cayó frente a nosotros golpeando fuertemente la mesa. Todos miramos a quien lo había tirado. Adriel.

-         - ¿Que es eso? – mis palabras salieron en un susurro, ya que estaba aguantando las ganas de vomitar. La energía que desprendía el libro era realmente asquerosa.

-         - El libro de los muertos – dijo Marcus mostrando en su rostro el mismo asco que sentía por el objeto.

Volviendo a mirar el libro, este parecía como cualquier otro.  Con su portada negra gruesa y el filo de sus hojas del mismo color, daba la impresión de ser una caja, en la portada se mostraba un signo que no reconocía pero parecía una estrella con 7 puntas y dentro de esta una pequeña estrella de 5, todo rodeado en un círculo. Un libro pequeño y grueso que ha simple vista parece común y corriente pero que desprendía un poder tan oscuro que congelaba cada uno de los huesos.

-         - ¿Qué tiene que ver esto con Eva? – pregunté quitando mi atención de ese libro que cada vez me ponía mas enfermo. A comparación de Adriel que no tenia ningún signo o rastro de que el libro le hiciera efecto.

-         - Como les expliqué hace unos días, este es uno de los libros llamados Necronomicon, el único que hemos podido conseguir. Pero existe otro y por la manera en como Maimón pudo salir, apuesto lo que sea a que K’theis lo tiene. Este libro – dijo Adriel apuntando al objeto – no solo tiene magia negra, también tiene profecías…  profecías tan malas que de llegarse a cumplir el mundo como lo conocemos se terminaría.

El silencio inundó la sala, ninguno atreviéndose a hacer ni un solo ruido, el libro nos había envuelto en una oscuridad y un ambiente tan pesado, que las palabras de Adriel solo lo había hecho aún peor.

-         - Eva… - continuó – Eva es una ficha clave en una de las profecías.

-         - Por eso la llamó… miso…misodaimonas – dijo Gillian dirigiéndose a Adriel. Este asintió.

-         - Exacto, misodaimonas es una palabra antigua, que significa mitad demonio, ella es quien hará realidad una de las profecías que está en el libro.

(Eva)

El llegar a un lugar desconocido siempre me había puesto nerviosa, aun cuando viajaba de un país a otro o de una ciudad desconocida a otra. Pero de una dimensión a otra… no solo era nerviosismo, era miedo.

 El solo hecho de pensar que estaba en el infierno, o parte de él, literalmente, me ponía los pelos de punta. La oscuridad y el ambiente que se sentía me hacia querer salir corriendo de aquí.

-         - Mi señora, supongo que está lista – la voz de Maimón me sacó de mis pensamientos y por un momento me olvidé de mis miedos. Lo menos que quería era demostrar mi debilidad.

Al momento de llegar a Kolasi, como lo había llamado Maimón, me había guiado por varios pasillos. Estaba segura que si lo viera por fuera me daría cuenta que estábamos dentro de un castillo, pero no tenia ventanas por ningún lado, eso me hacia sentir claustrofóbica y a la vez temerosa de que si viera solo por un momento los exteriores, la vista iba a ser las llamas del infierno.

Habíamos caminado por varios minutos en silencio, y me había llevado a una habitación totalmente amoblada, con una gran cama de dosel que ocupaba casi toda la pared del fondo. Había explorado la habitación y me había encontrado con varias sorpresas. Una de ellas, un armario lleno de vestidos, uno mas provocador que el anterior y por las palabras de Maimón debía ponerme uno de ellos y arreglarme correctamente para ver a su señor, K’theis.

-         - Como puedes ver – dije simplemente mientras me acercaba a la puerta donde estaba parado Maimón. Y por su expresión y la forma en que me recorría con la mirada había hecho una buena elección.

Traté de hacer la elección más prudente que se podía debido a la falta de opciones. El vestido que me había puesto  era el más recatado que encontré, un vestido de seda negra hasta la rodilla, que se ajustaba a mi cuerpo hasta la cintura y luego caía suavemente desde mis caderas. 

Los zapatos habían sido todo un desafío ya que todos tenían un tacón de mas de 15 cm de alto, algo que mis pies odian y ahora más que antes. Había dejado mi cabello suelto en ondas y nada de maquillaje, a ningún momento mi intención era seducir, pero por la mirada de Maimón creo que había hecho un pésimo trabajo.

-         - Mi señor la está esperando, vamos – Maimón tomó mi mano y la colocó en su brazo.

Caminamos por el pasillo por el que habíamos caminado anteriormente, en esta ocasión pude ver con más detalle los muros, toda la extensión estaba llena de imágenes, pinturas, retratos. Algunos hermosos, otros oscuros y terroríficos que solo mostraban sufrimiento y agonía. Me estremecí. Mi destino podía ser cualquiera de esos cuadros.

Llegamos a una puerta abierta que daba a un gran comedor, Maimón soltó mi mano de su brazo y me dio un pequeño empujón. No tenia que ser genio para saber lo que significaba. Habíamos llegado y tenía que entrar sola.

La habitación era enorme y en el centro estaba un comedor que ocupaba toda su extensión. Solo candelabros y velas iluminaban la habitación dando un ambiente lleno de sombras. La mesa estaba arreglada con dos juegos de cubiertos en la cabecera de ésta.

Continué mirando hasta lo que realmente importaba.

Una figura estaba parada frente a uno de los cuadros del muro cerca a la mesa. De espaldas se veía una espalda ancha y hombros fuertes, el hombre estaba parado con confianza, llevaba un traje completamente negro. Al darse la vuelta, una media sonrisa se extendió por su rostro. 

Era hermoso, no podía negarlo.

El desgraciado, K’theis, quien había hecho un infierno en la Tierra para poder traerme hasta él, tenia unas facciones rudas pero delicadas, parecía salido de una revista, una mirada profunda y unos ojos marrones que a la luz de las velas se podía ver un resplandor rojo sangre, la única marca de que él era un demonio.

-         - Mi señora, mi querida Eva – dijo acercándose a mí con una sonrisa seductora – eres hermosa, mejor que las fotos.  Tan, tan hermosa como tu madre.

-        -  Escuché…  – continuó lentamente, debido a mi silencio – lo que le pasó… mmm… una perdida lamentable, lo siento mucho. Pero ya que estas aquí, podemos hacer lo que ella nunca estuvo dispuesta… Eva – suspiró – mi misodaimonas, contigo a mi lado, seré tan feliz.

Mi miraba estaba fija en el hombre que estaba frente mío. No, no un hombre, un demonio. Las preguntas flotaban en mi cabeza pero era demasiado orgullosa para decirlas en voz alta.

-         - Te preguntas… ¿porqué estas aquí?...  ¿verdad? – dijo con una sonrisa conocedora, parecía que se había metido en mi cabeza. – Pues la razón es fácil, tú… - dijo señalándome y poniendo una mano en mi mejilla –...eres  la hija de una humana y un demonio… una misodaimonas… y cuando estemos juntos en cuerpo y alma, me harás el dueño del mundo entero.

Diciendo esto, tomó mi rostro para que lo viera fijamente a los ojos y el mundo se desvaneció.

(LYON)

-         - ¿Qué haces? – la voz de Marcus me hizo detener

-         - Voy por ella – luego de la reunión había venido directo al cuarto de armas, tenía que prepararme. Mi decisión estaba tomada. Iría por ella al mismísimo infierno de ser ese el caso.

Adriel nos había dicho que no habría unión hasta luna llena, ese era el momento de mayor poder. Pero eso iba a ser mañana y no podía esperar mas, tenía que sacarla de allí.

El sonido de las espadas y dagas me hacían sentir fuerte, de una manera que me daba la seguridad que seria suficiente para traerla de vuelta.

-         - ¿Qué haces? – dije a Marcus al ver como cogía un arma y la cargaba para luego ponérsela en su cinturón.

-         - Pues ¿que crees?... voy contigo

-         - No, no puedes. Iré solo – Marcus no escuchó o si lo hizo no le dio importancia. Continuó armándose.

-         - Marcus, tu no puedes ir – continué –el Scholeio esta a tu mando, si te pasa algo…

-         - Mira… - me interrumpió – tu no eres al único que le importa lo que pase con Eva… y eres mi amigo, mi hermano de armas ¿crees por un momento que te voy a dejar hacer esto solo?

-         - Además – siguió – siempre he querido ir de paseo al infierno – dijo con un sonrisa en su rostro

-         - Estas loco – dije devolviendo la sonrisa, mientras continuaba armándome

-         - Ya sabes, no hay mejor fiesta que la que se hace en el mismísimo infierno.

-         - Lastima que solo será en Kolasi – una voz profunda sonó desde la puerta del almacén. Adriel. – ¿Acaso no me invitan?

-         - Tu nunca necesitas invitación – dije mientras me acercaba al ángel caído.

-         - Siempre te colas en las fiestas – respondió Marcus con humor, mientras le daba una palmada en el hombro.

Adriel se acercó al arsenal y se armó con varias armas de fuego, aunque su arma predilecta siempre la tenía con él, la espada de Gabriel. 

Se decía que esa era la única arma capaz de matar a Lucifer y que el mismísimo Gabriel la había recibido del Padre a principios de los tiempos. Pero que nunca sería utilizada en contra del Lucero de la noche, porque el equilibrio se rompería.

Salimos del almacén y del edificio principal. Nos subimos a la Range, con la convicción de que encontraríamos a Eva e impediríamos una profecía. La puerta trasera del auto se abrió.

-         - ¿Creían que me dejarían atrás? – Nickolai mostró su rostro por la puerta abierta. Con una sonrisa enorme entró a la Range y se sentó en el asiento trasero junto con su padre.

-         - ¿Qué rayos crees que haces? – la voz de Adriel salió en un gruñido.

-         - ¿Que crees? Ir con ustedes… ¿Pensaron que se librarían de mí? – dijo Nickolai en tono burlón a su padre.

-         - No puedes ir, te lo prohíbo

-         - Padre no puedes prohibirme nada, ya soy adulto no un niño… además me la debes – dijo señalando a Adriel – después de dejarme botado en el campo de batalla mientras iban a rescatar a tu Sara y tus hijos… me la debes por no decirme nada.

El silencio envolvió al auto, el rostro de Adriel lleno de emociones: tristeza, culpa, dolor. Nunca había visto al ángel de esa forma. Pero tampoco había escuchado a Nickolai hablarle así a su padre.

-         - Hijo yo…

-         - No quiero explicaciones – lo interrumpió Nickolai – en realidad… me alegro.

-         - ¿Te alegras? – la sorpresa en su voz hacia eco de la sorpresa de Marcus y yo.

-         - Si – Nickolai miró hacia la ventana, mientras una sonrisa tiraba de sus labios. Volvió a ver a su padre – Me alegra que hubieras encontrado a alguien que te amó y que hayas amado. Se perfectamente que con mi madre nunca fue un relación fácil… Pero estoy feliz que todo este tiempo hayas sido feliz. Además…- un brillo apareció en sus ojos – ya no seré hijo único y soy el mayor, creo que me acostumbraré a ser el ídolo de mis hermanos pequeños.

Una risa salió de Adriel y enseguida todos estábamos riéndonos. El ambiente se había vuelto ligero. 

Padre e hijo se dieron un abrazo. El cariño de los dos siempre había sido algo envidiable. La mayoría de Warriors no tenían contacto con sus padres y mucho menos los tenían cerca, pero ver a estos dos siempre nos hacia añorar ser de esa forma con nuestros hijos algún día.

-         - Bueno – dije interrumpiendo a la familia – creo que será mejor ponernos en marcha, tenemos una fiesta a la que asistir.

Todos asintieron y Marcus arrancó el auto. La seriedad volvió. Teníamos una misión. 

Rescatar a Eva y evitar el apocalipsis.

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