miércoles, 1 de abril de 2015

La Historia de mi Vida - 4


La historia de mi vida... otra vez en el principio, cuando uno cree que aprendió la lección, vuelves y caes nuevamente. Eso ya no es un error, es pura estupidez porque fue tu decisión volver a caer. 

Mirando en retrospectiva, cada una de mis experiencias me ha llevado a pensar que aún no es mi momento, pero también me han dado decepciones que me hacen pensar si en realidad habrá un momento para mí. No lo niego, soy más simpática y entablo conversación más fácil que antes, pero soy más desconfiada, no creo fácilmente en las palabras que sin duda fueron repetidas para otra persona, en otro lugar y circunstancia.

- ¿Sabes… es muy complicado vernos con frecuencia, verdad? - sus palabras traspasan el sonido de la música. Estamos en un bar con varios amigos alrededor. Se acerca más para hacerse oír.

Él es, como mi mejor amiga lo llama, “el señor excusas”. Salimos pocas veces, 5 para ser exactos, a la tercera besos y caricias, a la cuarta un ambiente tenso, y esta es la quinta. 

- Si, te desapareces mucho – le respondo sonriendo, en esta parte de mi vida no estoy para complicarme, yo tampoco he tenido bastante tiempo.

- El trabajo – dice únicamente eso, como si lo explicara todo. Se acerca más y me toma de la mano - Es difícil tener una relación y más en estos momentos.

No sé a dónde quiere llegar con la conversación, solo me mira fijamente y sé que aún no ha terminado, así que solo espero a que continúe.

- Todos los planes que tengo son contigo - dice lentamente - en cada uno de ellos estas tu - la intensidad en su mirada dice que va en serio, pero sus palabras no llegan a despertar algo en mi corazón. En realidad no sé lo que siento... no, si lo sé, es miedo… miedo y confusión.

El miedo, a que todo es muy rápido y la confusión… no sé lo que quiere decir. No quiere una relación, pero tiene planes conmigo. No sé qué decir, pero no es necesario porque él continúa.

- Hablé con mi hermano de ti, y me dijo que no te hiciera daño, que… una chica que se cuida tanto – mueve la cabeza como si quisiera despejar algo de su cabeza – no quiero hacerte daño.

- Yo tampoco – respondo aturdida y sin pensar mucho. Pero es la verdad, por mi cabeza sólo pasa la palabra “rápido”. Sí, es muy rápido, es algo muy intenso y me da… miedo. 

Mi respuesta le sorprende, pero por las razones equivocadas. Creo que piensa que talvez lo engañe o así, pero en realidad es porque es muy rápido, y talvez no pueda llegar a sentir tan intensamente y darle lo que quiere. Lo dije en serio, no quiero hacerle daño. 

- Yo tengo planes y tú lo sabes – lo sé perfectamente, quiere ascender en su trabajo que está aquí, en el país. Independizarse, subir a la cima.

- Pero…yo tengo otros planes – le digo. Mis planes son muy diferentes; terminar mis estudios, salir de la ciudad para mi año de prácticas y finalmente salir del país. Mis sueños no están aquí. Quiero viajar. 

- Y eso es exactamente, lo que quiero que me digas. Tus planes… 

Nuestros amigos se ríen fuertemente sacándonos de la conversación. No volvemos a sacar el tema. Un amigo conoce a dos chicas del bar y las invita a estar con nosotros. La noche sigue su curso, las horas pasan. El plan: pasar la noche con él. Pero solo dormir, no se emocionen. 

- Tu amiga está mal – me susurra al oído – parece enojada, no creo que se sienta bien.

Regreso a ver a mi mejor amiga, está con cara de pocos amigos, su conquista está coqueteando con otra. Menudo idiota. Y no es el único, todos están embobados con las nuevas, y una de ellas no le quita el ojo de encima a mi acompañante. 

- Creo… que será mejor que se vayan – sus palabras me sorprenden. Me enojan. Arreglé todo para estar con él y quedarnos hasta el siguiente día - Esto... no es para ustedes.

- ¿De verdad quieres eso? – las palabras salen con furia contenida. 

El alcohol hace su efecto. Me suelta la lengua, antes de poder arrepentirme 

– Parece… - me detengo y suelto el aire – parece que quieres que nos vayamos para poder estar con ellas. 

- ¿Es lo que piensas? 

- Dímelo tú – respondo al mismo tiempo que asiento. – Sabes que… tienes razón, nos vamos. 

Me alejo de él, estoy enojada, estoy…celosa. Lo único que quiero es poner distancia. Me acerco a mi amiga y le digo que nos vamos, ella asienta y nos dirigimos a la salida. 

- ¿Vas a casa de tu amiga?

Miro el reloj. Son las 11pm. Es temprano. 

- No, cogeré un taxi hasta una parada del metro y de ahí iré a mi casa – le respondo sin mirarle. 

Los taxis están parados fuera del bar. Me acerco y pregunto la tarifa hasta casa de mi amiga. La subo al taxi y me despido. Sin antes decirle que me avise a lo que llegue. Miro el taxi irse. Una forma más de evadir a mi acompañante. Detengo otro taxi, pero antes de ponerme a hablar con el chofer, él lo hace por mí. Acuerdan la tarifa hasta mi casa. 

- Toma – pone el dinero en mi mano – págale con esto, te llevará a tu casa. 

- No es necesario, solo necesito que me lleve a la parada del metro más cercana

- Y yo quiero que vayas a tu casa…segura – me acaricia la mejilla y acerca su rostro al mío, nos miramos fijamente por unos segundo y me besa. Un beso lento, suave. 

Respondo de la misma forma, y nos fundimos por unos segundos, es un beso dulce, embriagador, pero con una sensación de despedida. Lo sé, lo siento. La idea da vueltas en mi cabeza. Es la despedida. 

Nos aferramos por un momento y me separa de él, subo al taxi y él cierra la puerta. Pide al chofer que me lleve directo a casa. El taxi arranca y lo único que veo por la ventanilla es a él parado en la acera. Despidiéndonos.

No lo vuelvo a ver, pero el recuerdo sigue presente. Tal vez fue su error dejarme ir. Pero estoy segura del mío, otra vez volví al principio, donde el miedo y la desconfianza acaparan todo. Pensé que había aprendido la lección, pero volví a caer. El miedo paraliza y la desconfianza en otras personas mata oportunidades.

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