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lunes, 5 de noviembre de 2018

Elegido - Serie Warriors #2 / E.P.Rod / Capitulo 3


CAPITULO 3 

(MARCUS) 

3 años y todavía dolía. 

No sabía que era lo que esa chica me había hecho, pero cada vez que la recordaba mi corazón se estremecía de dolor. Habían sido pocos los días en que se conocieron, pero la conexión estuvo ahí, pero también para Lyon, su Frater, su hermano de armas. 


Según el Necronomicron todo esto era de esperarse. La misoidamonas era como Eva en el paraíso, una tentación para ángeles y demonios. Por ella hasta quienes les unían un lazo de sangre peleaban hasta la muerte por su atención. Suerte que no estuvo mucho tiempo entre nosotros, por que talvez el final hubiera sido diferente. 

- Frater – la voz de Lyon me saca de mis pensamientos mientras entra en mi oficina. – Tenemos una situación 

- Dime 

- Nickolai y yo fuimos al lugar donde se supone hay una puerta al infierno, pero encontramos a una chica muy mal herida. 

- Por que me suena esta historia – susurro para mi y me levanto hacia la ventana de la oficina. Desde aquí puedo ver como los jóvenes entrenan en los campos - ¿Qué hicieron con ella? 

- Esta aquí, en el hospital de Scholeio 

Suspiro y cierro los ojos, no puede ser que se este repitiendo la historia. Doy vuelta y me enfrento a la mirada de Lyon – Sabes que esto es muy parecido a algo de hace 3 años – le digo haciendo participe a Lyon de mis pensamientos 

- Marcus, ya lo sé… pero era el lugar mas cercano, y la chica estaba botada como si fuera basura en el campo y está muy mal herida 

- Tu compasión nos metió en problemas hace 3 años y … 

- Ya lo sé – me interrumpe con voz dura – ¿crees que no me lo digo todos los días? 

Lyon toma aire mientras cierra sus manos en puños – Pero no me arrepiento de traerla, así como no me he arrepentido de traer a Evangeline hace 3 años. De lo que si me arrepiento es de no hacer las cosas diferentes para que ella siguiera viva. Así que, si está en mis manos que esa chica sea salvada, lo haré. Y por eso está aquí. 

- No estoy de acuerdo – le digo mientras lo miro fijamente 

Descuelgo el teléfono de la oficina y marco a la extensión del hospital. 

- Jane – digo a quien contesta del otro lado de la linea mientras continuo mirando a Lyon quien está apunto de explotar. Por un momento no se escucha nada. 

- ¿Diga? – la voz de Jane me llega del otro lado 

- Situación 

- Hola Marcus, podrias primero saludar y pedir de favor que te haga un informe verbal de la situación – replica enojada. – pero claro, que mas puedo esperar de ti. 

- No estoy para formalismos, asi que habla de una… vez – digo tratando de evitar la groseria que estaba por salir de mis labios y controlando mi temperamento. Miro por la ventana para controlarme. 

- Mujer de aproximadamente 24 años, caucásica, estatura promedio, tiene un trauma cráneo encefálico moderado por lo que está en un coma inducido para disminuir la inflamación y con medicación para el edema cerebral, además tiene fractura de fémur y antebrazo izquierdo, 3 costillas fisuradas, varias laceraciones y hematomas por todo el cuerpo y cara. ¿Te basta con eso? 

- Se quedará hasta que este estable – digo mirando a Lyon – y luego la transferirás a un hospital humano 

- Pero … 

- Es una orden – exclamo y termino la llamada 

Lyon sale de la oficina golpeando la puerta. Respiro profundamente y me siento cansado en el sillón. No quiero saber nada de obras de caridad en el Scholeio. Nunca más. 

(MARISSA) 

Correr 

Eso es lo que debía hacer, solo correr. En la lejanía se escuchaban los estruendos de bombas cayendo y derribando todo a su paso, las balas chocando contra las paredes y el suelo. No había un lugar donde esconderse, solo correr y tratar de no salir herida. Supervivencia. 

- ¡Corre! - grita Jack detrás - ¡no te detengas! 

El sonido de aviones caza sobre nuestras cabezas nos aturde. El sonido de sus motores deja un fuerte dolor en los oídos. Nos agachamos por instinto. Una vez lejos, seguimos corriendo. 

Varios metros delante alcanzo a ver un edificio en ruinas, y nos escondemos allí. 

- ¡Medico! Grita uno de los chicos del equipo. Me acerco de inmediato, con la adrenalina al 100%. Uno de los solados esta herido 

- Déjame ver - le digo mientras su compañero se aleja para darme espacio. - ¿Como te llamas? 

- Ch... Charlie 

- Ok Charlie, necesito que me muestres donde te hirieron - comienzo a tomarle el pulso. Su respiración es rápida y superficial, su rostro muestra mucho dolor 

- Aquí - dice, y saca sus manos de su pierna. Me acerco más y comienzo a cortar el pantalón para observar la herida. 

- La bala atravesó limpiamente, tienes suerte parece no haber afectado paquetes vasculares o nerviosos principales, estarás bien. Respira profundo. Esto va a doler - comienzo a desinfectar la herida, no hay hemorragia profunda. Estará incapacitado algunas semanas. 

- ¡Medico! - grita Jack mientras ayuda a otros miembros del equipo que se nos unen. 

Un soldado grita por su compañero. 

- Déjenme pasar- les ordeno, llegando hasta él. Esta herido de gravedad. 

En la guerra se ve tanta destrucción y a este soldado le había tocado su hora, no podía hacer nada. Su cuerpo estaba quemado por la explosión de una granada, una de sus piernas estaba completamente destruida y sangraba, varias heridas de bala atravesaban su pecho. 

- ¡Haga algo, sálvelo! - me grita su compañero - ¡Sálvelo! 

- No podemos hacer nada, está en shock- le coloco una inyección intravenosa para calmar el dolor. 

- Nooo, debe hacer algo... el no... 

- Lo siento - miro a su compañero herido - Lo siento 

El soldado sabe lo que viene, asiente con la cabeza y me sostiene la mano. 

- ¿Duele? - le pregunto 

- Ahora ya no, gracias - susurra mientras cierra los ojos. Luego de un suspiro siento como su mano se vuelve flácida. 

- Descansa, ahora ya no hay dolor- digo mientras su amigo se aferra a él. Una lagrima corre por mi mejilla que la limpio rápidamente sin que nadie la vea y me alejo de allí. 

Jack se acerca, pero le hago un gesto con la cabeza para que no lo haga. Necesito estar sola, respirar. Lo entiende y se aleja. 

Fuera del edificio, esta todo en calma, el silencio es ensordecedor. No me gusta. 

El impacto de una bala chocando con la pared a varios centímetros de mi cabeza me paraliza. 

- ¡Nos disparan! - grita uno de los soldados de guardia. Salgo de mi estupor y trato de cubrirme 

- ¡Marissa! - grita Jack, lo escucho lejano sobre el sonido de los disparos. Esta tras una pared y me hace una señal para que corra hacia él. Observo, respiro y corro. Al llegar Jack me coloca entre él y la pared - Gracias al cielo, ¿estás bien? ¿estás herida? - susurra en mi oído 

Niego con la cabeza y suelta el aire que retenía a la espera de mi respuesta 

- Ok., esto es lo que haremos. Yo te cubriré y tu correrás hacia dentro del edificio. Yo iré tr... -un sonido de algo cayendo cerca de nosotros y una pequeña lucecita roja titilante lo corta - oh, maldici... - dice Jack mientras me cubre y salimos volando por la explosión. 

Todo se vuelve borroso. Gritos, maldiciones, disparos, explosiones se escuchan a lo lejos. Jack esta encima de mí, su cuerpo inerte. Pesa, me deja sin respiración. La cabeza me da vueltas, los sonidos se escuchan lejanos, todo es borroso. Siento que estoy mojada... sangre... mía... no.… de Jack... Jack... quiero gritar... Jack... mi mente le grita, pero mis labios no se mueven, mi voz no sale, mi cuerpo esta entumecido... ¿la muerte?... Jack... no lo siento respirar... lagrimas caen por las comisuras de mis ojos, silenciosas, todo está borroso, estoy cansada, Jack... con su nombre en mi mente caigo en un sueño profundo. 

Me despierto de golpe sintiendo mi cuerpo sudoroso y lágrimas en mi cara. Había pasado 3 años desde el incidente, pero los sueños siguen ahí. Aun sentía a Jake encima de mi, sin vida. Aun puedo ver sus ojos muertos mirándome. Los gritos y estruendos de armas retumban a mi alrededor. Pero seguía con vida y viviría por los que no pudieron hacerlo. 

El sonido del teléfono me hace levantarme de la cama, miro el despertador. Son pasadas las 10 de la mañana. 

- ¿Hola? – respondo al teléfono, me aclaro la voz - ¿Quién habla? 

- Hola amiga, ¿estas lista? – la voz de Melissa me despierta. Maldición, la comida en su casa 

- Mmmm, recién despierto… ya sabes el cambio de horario y todo eso 

- Entiendo. Lo sabia, por eso te llamo para que despiertes dormilona, aun estas a tiempo no te preocupes solo no te duermas de nuevo – dice burlándose y rie. Extrañaba esa actitud suya. 

- Vale, ya me espabilo con un baño y me arreglo – respondo de buen humor. 

- Así me gusta, te espero a medio día - nos despedimos hasta más tarde y cuelgo. 

Tomo algo para el desayuno y me doy una ducha rápida. El verano ha llegado por lo que me decanto por un vestido a media rodilla con un estampado sutil de flores. Me recojo el cabello en una cola alta y me maquillo de forma sutil. Con el calor que hace no quiero estar correando y parecer un mapache en algunas horas. 

Tomo un taxi y me dirijo a la casa de Mel. Había olvidado lo grande que era, pero al ser una hija de petroleros, el tamaño de la casa y sus lujos no es de sorprenderse. 

- ¡Llegaste! – grita Mel desde las escaleras de la entrada. Baja lo más rápido que puede con sus tacones de 15 cm y el vestido estraples rojo que lleva puesto. Me toma del brazo y me apura a entrar. 

Dentro el ambiente de fiesta está ausente, los invitados hablan en susurros entre ellos, los camareros silenciosos pasan por el lugar sirviendo copas y comida. La música clásica de fondo pone un ambiente mas de un funeral que de un compromiso. 

- Ven, te presentaré a mi prometido – me lleva hacia un rincón del salón. 

Un grupo de 5 hombres, con trajes de diseñador seguramente, nos mira como nos acercamos. 

- Querido – dice Mel mientras me suelta y se acerca a uno de los hombres. Este es alto e imponente, con el cabello negro peinado hacia atrás, sus rasgos son delicados con una piel blanca como porcelana, pero su mirada oscura es dura, fría. – Te presento a mi mejor amiga. Ella… - dice mientras me señala – es Marissa, de quien te he hablado. Acaba de volver de viaje. 

- Mucho gusto, Marissa Leyton – sonrío de forma forzosa 

- Encantado de conocerte, Eduardo Monroe – responde mientras toma mi mano. 

En ese momento siento recorrer mi cuerpo una corriente que me produce nauseas, nos miramos fijamente y su mirada se oscurece completamente por una fracción de segundo, volviendo rápidamente a la normalidad. 

Mantengo mi sonrisa y retiro mi mano. No me ha gustado esa sensación. Me siento mareada y con ganas de vomitar 

– Si me disculpan necesito ir al aseo. ¿Me acompañas? – digo dirigiéndome a Mel. Quien con un asentimiento y una sonrisa me guía. 

Al llegar al baño, me voy directa al inodoro y las arcadas comienzan, pero no llego a vomitar. Luego de unos minutos la sensación se detiene. Tomo un poco de agua del grifo y respiro profundamente mirándome en el espejo. ¿Qué rayos me pasó?

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